9 marzo, 2020

Las mujeres deben ser más conscientes de su poder

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Las mujeres siguen siendo la excepción en la cúspide del poder político y no la regla. Pero, fuera de los parlamentos, hay mujeres cada vez más visibles e influyentes, opina Anja Brockmann.

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Si observamos el panorama actual en el mundo, la situación puede ser desesperante. En Estados Unidos no habrá este año ninguna mujer en la presidencia. En Afganistán, el reciente acuerdo con los talibanes amenaza con llevar de nuevo a la mujer a épocas oscuras. Y en Europa, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fracasó en su intento de configurar el organismo de forma paritaria por la oposición de los jefes de gobierno hombres.

Las mujeres en la cumbre de la política siguen siendo una rareza. Tanto, que el júbilo mediático estalla cuando al menos una consigue llegar, como sucedió recientemente con la finlandesa Sanna Marin, quien no solo es mujer, sino también joven, por lo que constituye una doble excepción. En la mayor parte de los parlamentos del mundo, las diputadas siguen siendo impunemente una minoría, a pesar de que esa situación contradice la idea democrática de un parlamento reflejo de la sociedad.

Las nuevas heroínas como modelo a seguir 

Y sí, también la mujer más poderosa del mundo, Angela Merkel, ha fracasado en Alemania a la hora de imponer cuotas femeninas en su partido con el fin de que las mujeres logren una mayor influencia de forma estructural y duradera. No es de extrañar que uno de los actuales candidatos a presidir el partido de Merkel, Friedrich Merz, a quien le encantaría ser el próximo canciller alemán, lamente públicamente la existencia de discriminación masculina y opine que en la lista electoral deban figurar tantos candidatos hombres como mujeres.

Y, sin embargo, algo cambiado. Hay mujeres que no permiten que las coloquen fuera de juego. Mujeres como Greta Thunberg, quien ha puesto inapelablemente en la agenda mundial la amenaza de la crisis climática. Mujeres como Carola Rackete, comprometida con el rescate de migrantes en el mar y que se opuso al ministro italiano del Interior. Y mujeres como Emma González, que lucha en Estados Unidos por conseguir leyes armamentísticas más estrictas.

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Anja Brockmann, redactora de DW.

Las nuevas heroínas políticas son jóvenes, tienen mucho carácter y mueven algo dentro de una especie de oposición extraparlamentaria. Son modelos opuestos a hombres como Donald Trump, Vladimir Putin y Jair Bolsonaro. Quieren influir sin luchar por lograr poder para ellas. Y se convierten en víctimas. Reciben un odio sin límites que supone una enorme carga, sobre todo procedente de los hombres. Pero sus cualidades las convierten en símbolo de esperanza de una nueva política. Modelos a seguir para jóvenes mujeres en todo el mundo.

Aunque la Unesco dice que todavía muchas niñas siguen quedando excluidas de la educación tan solo por su sexo, el organismo observa que también se han producido cosas positivas en el camino hacia la igualdad: en muchas regiones de Asia, en países árabes y en Latinoamérica, las mujeres se benefician de la educación. Allí donde tiene oportunidad de formarse, la mujer está en promedio mejor cualificada, más motivada y dispone de mejores competencias sociales que los hombres de su edad. Estas mujeres luchan por su participación política y social. Paso a paso, van haciéndose con más autonomía. Y allí donde ya tienen legalmente la igualdad, cuidan para que sus derechos no sean solo papel mojado.

Sin mujeres hay poco que ganar 

Ya no es tan fácil hacer política contra las mujeres. Hasta los machos más recalcitrantes de las estructuras centrales de los partidos saben que no ganan elecciones sin el voto femenino. A las mujeres hay que cortejarlas con contenidos políticos y con candidatas. Porque las mujeres votan por otras mujeres si les dan la oportunidad de hacerlo. Eso no lo sabe nadie mejor en Alemania que el partido CDU, que obtuvo un gran resultado entre las votantes femeninas con Merkel como candidata.

Las mujeres deben ser más conscientes de su poder. Y deben castigar las políticas que no las tienen en cuenta. De forma consecuente. El derecho al voto las obliga a ello, un derecho por el que las mujeres lucharon largo tiempo y por el que aún deben seguir peleando para que los pequeños pasos hacia atrás no sean demasiado grandes. Y para que todo siga hacia delante por las mujeres de todo el planeta.

(ms/rrr)

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