19 marzo, 2020

El coronavirus eres tú: medios y miedos

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Por Claudia Acuña

La imagen de Natalie Portman en V de Venganza.

1.

Estamos viviendo tiempos insólitos que nos obligan a soportar pruebas imposibles. Y a superarlas o morir. No sólo a la Humanidad, sino a los gobiernos, ya sean progresistas, comunistas, neoliberales, fascistas: a todes y cada uno. Leemos en estos días tremendos, por ejemplo, la noticia de que el primer ministro de Inglaterra, Boris Johnson -el único que hasta ahora había decidido no ordenar medidas drásticas- recibió un informe del Imperial College of Science  Technology and Medicine de Londres que pronostica que el número de muertos en ese país puede rondar las 20 mil personas, pero de no tomarse acciones de “aislamiento social” superará el millón. Hasta hoy los muertos en ese país suman 55 y los infectados, 1.543, pero ante la difusión de este informe, la ciencia no le dejó ni dudas ni opción. https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/coronavirus-inglaterra-boris-johnson-nid2344244

Leída esta noticia desde este lejano sur azotado por el glifosato, el dengue y la deuda externa, entre otras pestes, es lógico recordar las lecciones de un científico como Andrés Carrasco, quien nos enseñó a reconocer la diferencia entre la que llamó “la ciencia digna” y la tecnocracia corporativa. ¿Cómo distinguirlas en momentos así? No podemos: esa es la realidad. Y eso significa que hay una opacidad tal que nos permite imaginar la escena del Primer Ministro británico recibiendo el informe como si se tratara de un capítulo de Black Mirror, o –y, mejor dicho, al mismo tiempo- analizarla como una advertencia oportuna y certera. Estamos en un momento en donde el acceso a la información está monopolizado, controlado e imposible de chequear con fuentes nobles, sociales y globales. A ciegas, nos queda lo que siempre nos salvó: la reflexión crítica y responsable. Y la memoria, que nos ayuda a vislumbrar el porvenir.

No hizo falta leer informes del Imperial College , por ejemplo, para movilizarse en todo el planeta durante el año pasado para reclamar acciones urgentes para salvar a esta Tierra de esta forma de producir desastres. Lo que nos pasa, lo advertimos de las formas que pudimos. No alcanzaron, pero fueron contundentes y aunque tener razón no nos pone a salvo, al menos nos protege de la indiferencia, que es el único remedio que ahora  nos queda para salvarnos.

2.

El Presidente de la Nación, Alberto Fernández se reunió ayer en la Casa Rosada con empresarios de medios de comunicación. ¿Qué medios? La noticia informa que de la reunión participaron Jorge Fontevecchia (Perfil), Daniel Hadad (Infobae), Daniel Vila (América), Fernán Saguier (La Nación), Jorge Rendo, Martín Etchevers (Clarín), Marcelo Figoli (Grupo Alpha), Alberto Pierri (Canal 26), Víctor Santa María (Grupo Octubre) y Francisco Fascetto (Popular).  A ellos el Presidente les pidió colaboración para comunicar la necesidad de que “la mayor cantidad de gente se quede en su casa” durante los próximos días. https://www.pagina12.com.ar/253378-el-presidente-se-reunio-con-empresarios-de-medios

Los que no fueron convocados somos los medios que hemos logrado sobrevivir al virus del monopolio informativo, gracias al sostén cotidiano de lectores y audiencias que nos abrazaron en momentos que nos condenaban a obedecer o morir. La invisibilización de esta forma de comunicación no atada a ningún otro interés que no sea el social es un síntoma y una noticia. El síntoma es el mismo que se manifiesta cuando leemos que las medidas económicas y paliativas de esta crisis que anunció el gobierno no incluyen a la mitad productiva del país, esa que sobrevive infectada por el monotributo, el empleo en negro, la changa, la precarización, la venta en el espacio público y la economía social, y que nos permitió resistir a décadas de crisis de los mercados “formales” que son, finalmente, los que sostienen a este sistema que apesta.

¿Nos informan así que no hay botes para todos en este Titanic?

¿Lo que nos queda entonces es clamar “botes para todes”, o empezarlos a producir?

¿Cómo?

No lo sabemos.

Como ante cada crisis, estamos condenados a crear las opciones que el sistema no es capaz de producir.

Esa es la noticia.

3.

Estamos viviendo un experimento social sin precedentes, que nos obliga a recluirnos en casa y eso significa que aquellos que no tienen casa, o que conviven con una multitud o con un golpeador, o aquellas a las que el hambre no les da esa opción –como bien lo planteó la activista travesti Violeta Ríos Alegre en su carta el Presidente-, por poner solo algunos ejemplos, no están a salvo. La pregunta es de qué.

También significa que no sabemos ni imaginamos todavía qué consecuencias sociales tiene la repetición del término “aislamiento social” en un país que desafió dictaduras y crisis económicas con los pies, en la calle y a puro abrazo. El término “aislamiento social” es algo a cuestionar, no a repetir. Porque si de lo que se trata es de cuidarnos, lo que estamos haciendo al no salir ni producir encuentros, es un acto de “protección social”, de comunión, no de aislamiento. La lucha contra el fascismo está en los matices, nos advierte María Galindo, desde la experiencia boliviana, que tanto nos infecta, por cercana, por querida y por aleccionadora sobre el arte de sobrevivir a los genocidios, ancestrales y actuales.

4.

No tenemos antecedentes de un encierro obligado y global, pero sí una imagen que nos viene del arte, que siempre advierte y salva. Es la escena de Natalie Portman en la película V de Venganza, cuando la obligan a estar en una celda, con hambre y terror. No lo sabe, hasta que lo advierte: la celda está abierta. ¿Cuándo, cómo y por qué se dio cuenta? Lo que vivió en el encierro lo hizo posible. Sin esa experiencia, de aislamiento, pero también de conexión profunda con los demás, no fue capaz de salir de allí, transformada. Quizá sea eso lo que tengamos que ganar con esta prueba: perder los miedos.

Es en esa película, justamente, donde nos aclaran:

“¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Quién es el culpable? Bueno, ciertamente unos son más responsables que otros y tendrán que rendir cuentas. Pero, la verdad sea dicha, si estás buscando un culpable, solo tenés que mirarte al espejo. Sé porque lo hiciste, sé que tenías miedo”.

La pregunta es a qué temer.

Fuente : lavaca.org

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