12 abril, 2020

Historias escondidas tras los apodos de los clubes argentinos

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Muchos apelativos nacieron por obra del ingenio periodístico, mientras que otros fueron creados por los rivales con un tinte despectivo y luego adoptados con orgullo por los destinatarios.

Carlos Peucelle, el delantero que fue clave para que River recibiera el apodo de Millonario.

En el fútbol argentino, no existe ningún club que carezca de apodo. En algunos casos, tienen hasta dos o tres. Se trata de una identidad. Los más fanáticos los llevan tatuados en la piel, los hinchas los reproducen en las canciones de cancha y los medios de comunicación los utilizan como sinónimos de cada institución. Están grabados a fuego y forman parte de la esencia de los equipos. 

Muchos de ellos fueron obra de la creatividad del periodismo. Otros fueron inventados por los rivales con un tinte despectivo y burlón, aunque los destinatarios luego los asumieron con orgullo. Por ejemplo, el mote de Las Gallinas, que tuvo como objetivo poner en ridículo a River​, pero fue adoptado por los propios aficionados. Incluso derivó en que se conozca al estadio Monumental como El Gallinero.

No siempre hay evidencia sobre el origen de los apelativos. En esos casos, los mitos y las leyendas populares cumplen un rol fundamental. Eso sucede con Newell’s y Rosario Central​, que fueron bautizados en un partido a beneficio que nunca llegó a disputarse y del que no hay material que certifique su existencia.

A continuación, un repaso de algunos de los apodos más representativos del fútbol argentino.

Los Bichitos Colorados (Argentinos Juniors)

En Clarín, el 5 de agosto de 1957, Diego Lucero escribió por primera vez sobre los Bichitos Colorados.

En Clarín, el 5 de agosto de 1957, Diego Lucero escribió por primera vez sobre los Bichitos Colorados.

Como en tantos otros casos, el apodo de Argentinos Juniors nació por el ingenio de un periodista. El 5 de agosto de 1957, el legendario Diego Lucero publicó en Clarín su comentario sobre la victoria de Boca ​frente a Argentinos por 1-0, en La Bombonera.

En el primer párrafo, escribió: “Cuando ayer, en la orilla del Riachuelo, cancha del Boca, club famoso y equipo que supo de mucha gloria (hoy venido a menos), Mansilla, su centroavanti, reventó la globa contra un madeiro del arco cuidado por Madeira, (iban 5′), pareció que los bichitos colorados de La Paternal eran pan comido para los zeneizis“.

Clarín, 30 de octubre de 1960. El día que nació Diego Maradona, Diego Lucero tituló su nota: Bichitos. Los Campeones del Lujo.

Clarín, 30 de octubre de 1960. El día que nació Diego Maradona, Diego Lucero tituló su nota: Bichitos. Los Campeones del Lujo.

El Bohemio (Atlanta)

Entre su fundación, el 12 de octubre de 1904, y su asentamiento en Villa Crespo, el 14 de enero de 1922, Atlanta​ deambuló por buena parte de la ciudad de Buenos Aires en busca de un lugar para erigir su propio estadio. Mientras tanto, la institución alquilaba canchas de manera temporal y también su sede social se trasladaba constantemente. Por eso, un periodista les dio el apodo de bohemios, un calificativo destinado a personas “que llevan un tipo de vida libre y poco organizada”, según indica una de sus acepciones.

El Taladro (Banfield)

Según afirmó el periodista Victor Raffo en su libro “Banfield​. Campeón Moral 1951”, el apodo del club de zona sur fue un producto de Emilio Ferrari, el intendente del estadio, quien “tenía una imprenta y hacía panfletos incentivando a la hinchada”. En uno de ellos, llamó al club como El Taladro.

Luego, el mote se popularizó gracias al desaparecido diario capitalino “El Pampero”, de ideología nazi, que publicó el 5 de agosto de 1940 un pequeño recuadro titulado “Grito de Guerra: ¡El Taladro!”. Ya en 1941, luego de una gran victoria de Banfield sobre Independiente por 4-3 con un gol sobre la hora, el mismo periódico escribió “Banfield taladró las ilusiones de Independiente”. Y agregó: “El equipo de zona sur agujerea a sus rivales”.

El Pirata (Belgrano)

En 1967, cuando se instauraron los Torneos Nacionales, los hinchas más fieles de Belgrano​ comenzaron a asistir a los estadios de todo el país para alentar al club de sus amores. La versión popularmente aceptada afirma que los fanáticos saqueaban los bares y los negocios de los pueblos por los que pasaban. Por ese accionar delictivo similar al de los piratas fue que surgió el apodo. Ya en 1968, se fundó una agrupación de hinchas denominada “Los Piratas Celestes”.

El Xeneize (Boca)

Durante la gran ola de inmigración europea que se produjo en la Argentina a fines del siglo XIX y principios del XX, el barrio de La Boca fue uno de los destinos preferidos de los italianos. En medio de ese fenómeno social, el 3 de abril de 1905, cinco genoveses (Esteban Baglietto, Alfredo Scarpatti, Santiago Sana y los hermanos Juan y Teodoro Farenga) fundaron el club Boca Juniors.

Justamente, el apodo de la institución se relaciona con el origen de sus creadores. Génova es la capital de Liguria, una de las veinte regiones que conforman la República italiana. En el dialecto genovés, esta región es conocida como “Zena” o “Xena”. Entonces, “Xeneize” significa “nacido en Xena”.

El Funebrero (Chacarita)

Hasta finales de 1944, Chacarita ​tuvo su estadio en el límite entre Villa Crespo y el barrio del que tomó su nombre (en el mismo terreno donde hoy se erige la cancha de Atlanta, su clásico rival). A solo tres cuadras de allí, se encuentra el Cementerio de Chacarita, uno de los más populares de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Además, muchos de los socios trabajaban en aquel lugar.

El Sabalero (Colón)

Luego de la final de la Copa Sudamericana​ 2019 entre Colón ​e Independiente del Valle, miles de hinchas de camisetas diferentes cantaron una y otra vez al ritmo de los Palmeras “Yo soy sabalero”. El tema se transformó en un hit nacional y sonó hasta en boliches. Pero, ¿de dónde proviene ese apodo?

Existen dos versiones al respecto. La primera afirma que el mote fue adoptado por los propios hinchas del club, que en su mayoría pertenecían a la clase baja e iban al Rio Salado a pescar sábalos, un pez de río que es característico de la zona del litoral argentino. La otra se basa en una anécdota popular que narra que, a comienzos de 1900, una gran inundación se produjo en Santa Fe y tapó con agua el “campito” donde Colón daba sus primeros pasos. Por eso, la cancha quedó repleta de sábalos.

El Halcón (Defensa y Justicia)

En 1981, la compañía El Halcón (el colectivo 148, con recorrido Florencio Varela-Constitución) se convirtió en el nuevo sponsor de la camiseta de Defensa y Justicia​. Fue entonces cuando el club abandonó su característico azul y blanco para adoptar los colores verde y amarillo de la empresa de transportes. Un año después, el presidente del Halcón, Ricardo Pérez, asumió como la máxima autoridad de la institución de zona sur.

Línea 148 de la compañía de transportes El Halcón. (Gustavo Ortiz).

Línea 148 de la compañía de transportes El Halcón. (Gustavo Ortiz).

El Dragón (Defensores de Belgrano)

En su libro “Corazón Pintado. Defensores de Belgrano​, un siglo de historias únicas y personajes inolvidables”, Martín Sánchez narra el origen del mote El Dragón. En 1983, Hugo Arbona, ahora integrante de la comisión directiva del club, pensó en un animal para identificar al club. “Había que encontrar uno que fuera bravo y que pudiera competir contra el Tigre de Victoria”, escribió.

Casi sin darse cuenta, dibujó un dragón. El pobre hizo 185 modelos hasta dar con el que creyó indicado para que se incorporara a nuestra camiseta”, contó el autor. Los primeros escudos con la nueva insignia “fueron cosidos por la mamá de un marcador de punta de apellido Gil”. Luego, Adidas se enteró de la novedad y comenzó a confeccionar la indumentaria.

Libro sobre Defensores de Belgrano, con el logo creado por Hugo Arbona.

Libro sobre Defensores de Belgrano, con el logo creado por Hugo Arbona.

El Pincharrata (Estudiantes de La Plata)

Existen dos versiones sobre el origen del mote Pincharrata. Muchos señalan que algunos de los primeros socios y jugadores de la institución eran estudiantes de Medicina en la UNLP y experimentaban con roedores. Sin embargo, hay otra versión más popular y difundida entre los hinchas de la institución platense.

El protagonista de la historia es Felipe Montedónica, nacido en 1898. En una entrevista con el diario “El Tiempo”, en 1980, él mismo se encargó de disipar las dudas: “Yo tenía un hermano chico, con el que trabajaba en el Mercado. Como había allí muchas ratas, nosotros las corríamos con un pinche. Y fue así, por esas cosas de chicos, que nos pusieron el sobrenombre de pincharrata“. Fanático desde chico, Felipe fue toda su vida a la cancha de Estudiantes​. Con el tiempo, el apodo se extendió a todos los otros hinchas del club.

Felipe Montedónica, hincha histórico de Estudiantes de La Plata.

Felipe Montedónica, hincha histórico de Estudiantes de La Plata.

El Lobo y el Tripero (Gimnasia y Esgrima La Plata)

En la década del 20, varios de los futbolistas del plantel de Gimnasia y Esgrima La Plata ​provenían de las ciudades de Berisso y Ensenada, donde abundaban los mataderos y los frigoríficos. Al trabajar con las tripas de los animales, se los apodó Triperos.

Por eso, la figura que identificaba al club era un carnicero ensangrentado que portaba una gran cuchilla. Sin embargo, en 1953, el artista Julio César Trouet puso en práctica su ingenio y publicó en el diario “El Día” el dibujo de un lobo para identificar a la institución. ¿El motivo? El estadio quedaba en medio del bosque, hábitat de ese animal.

Boceto del lobo dibujado por Julio César Trouet. (Foto: Letra G).

Boceto del lobo dibujado por Julio César Trouet. (Foto: Letra G).

El Globo y el Quemero (Huracán)

En diciembre de 1909, el ingeniero Jorge Newbery, emblema del deporte argentino de comienzos del siglo XX, viajó en un globo aerostático llamado Huracán ​desde Belgrano hasta la ciudad brasileña de Bagé. El club de Parque Patricios se inspiró en aquella travesía.

Por otro lado, el mote de Quemero se debe a que, entre finales del siglo XIX y principios del XX, en unos terrenos cercanos al Palacio Ducó se realizaba la quema de residuos a cielo abierto. En ocasiones, el humo alcanzaba las tribunas del estadio.

El Diablo Rojo (Independiente)

Fue durante el campeonato de 1926 que Independiente ​adoptó el apodo de Diablos Rojos. El mote fue producto de la ingeniosa pluma del periodista Hugo Marini, jefe de deportes del diario Crítica, quien se inspiró en una delantera “endiablada” que estaba conformada por Zoilo Canaveri, Alberto Lalín, Luis Ravaschino, Manuel Seoane y Raimundo Orsi.

El Gallo (Deportivo Morón)

Desde la época colonial, las batallas de gallos fueron protagonistas en el partido de Morón​. Aunque luego se instauró una ley que oficializaba su prohibición, se siguieron realizando en la clandestinidad. Fundado el 20 de junio de 1947, Morón decidió que el animal fuera parte de su escudo.

La Lepra y el Canalla (Rosario Central y Newell’s)

Dueños de uno de los clásicos más apasionantes del fútbol argentino, sus respectivos apodos surgieron de un mismo hecho. Se trata de una historia tan fascinante como incomprobable, dado que no existe evidencia que la verifique. Según la leyenda popular, en la década del 20, ambos clubes rosarinos debían disputar un partido a beneficio del Patronato de Leprosos, donde se trataban quienes padecían la Enfermedad de Hansen (lepra).

Sin embargo, el encuentro nunca se concretó. Newell’s aceptó de inmediato la propuesta, por eso sus rivales los llamaron “leprosos”, mientras que Rosario Central se negó a participar, motivo por el que fueron calificados como “canallas”. Con los años, las hinchadas de cada institución adoptaron con orgullo un mote que, en principio, había sido utilizado de manera despectiva ¿Lo curioso? Newell’s respalda esta versión de los hechos en su página web oficial, mientras que Central afirma que “el origen del apodo es incierto”.

El Calamar (Platense)

A comienzos del siglo XX, Platense tenía su estadio en Núñez, a pocas cuadras de donde tres décadas después se erigiría el Monumental. En aquella cancha lindera al río, era normal que el campo de juego fuera dominado por el barro y los futbolistas terminaran completamente sucios. A pesar de las desfavorables condiciones, el equipo se hacía fuerte de local.

En 1908, el periodista uruguayo Antonio Palacio Zino escribió: “¿Van a jugar contra Platense? ¿En medio de la lluvia y el barro? Entonces, ¡ya sabemos quién ganará! ¡Los de Platense, en el barro, son como los calamares en su tinta!. Desde ese momento, el apodo quedó grabado a fuego en cada hincha.

La Academia (Racing)

El 1 de agosto de 1915, luego de que Racing ​goleara a River por 3-0, los hinchas caminaron desde el Estadio ubicado en la Dársena Sud, en la Boca, hasta Avellaneda al grito de “Academia, Academia”. Por ese entonces, el club albiceleste daba cátedra de fútbol en la Argentina: en 1913 ganó el primero de los siete campeonatos que obtendría de manera consecutiva, un récord que aún permanece vigente.

El Millonario y los Gallinas (River)

En 1931, cuando se instauró el profesionalismo en el fútbol argentino, River sacudió el mercado de pases. Antonio Vespucio Liberti, por entonces presidente de la institución, impulsó la compra de Carlos Peucelle, proveniente de Sportivo Buenos Aires, a cambio de 10.000 pesos, una cifra fuera de registro para la época. Y no fue todo: tan solo un año más tarde, “El Gordo” estableció un récord al triplicar la suma para contratar a “La Fiera” Bernabé Ferreyra. Además, el apodo de Millonarios se reafirmó tras las incorporaciones del arquero de Talleres Ángel Bossio, por 30.000 pesos; el delantero de Quilmes Juan Arrillaga, por 22.000; el defensor de Tigre Alfredo Cuello, por 18.000; y el defensa de Platense Carlos Santamaría, por 15.000.

Por otro lado, para encontrar el origen del mote de Gallinas, es necesario retroceder hasta el 20 de mayo de 1966, cuando River se enfrentó con Peñarol en la final de la Copa Libertadores. El conjunto argentino perdió 4-2, luego de irse al entretiempo con el marcador a favor por 2-0. En su vuelta al país, River visitó a Banfield por el torneo local y desde la tribuna le arrojaron un gallo con una cinta roja en el pecho. Tiempo después, los hinchas del Millonario adoptaron la burla como un símbolo e incluso compusieron una conocida canción: “Señores, yo soy del gallinero”.

El recorte de diario en el cual se ilustra la gallina por la cual se carga a River. (Foto: Archivo Clarín).

El recorte de diario en el cual se ilustra la gallina por la cual se carga a River. (Foto: Archivo Clarín).

El Ciclón y el Cuervo (San Lorenzo)

En 1932, el periodista Hugo Marini, jefe de deportes del diario Crítica, bautizó a San Lorenzo ​como El Ciclón, por la velocidad y la contundencia que exhibía la delantera del equipo azulgrana, capaz de “dar vuelta” los partidos. Por otro lado, aunque no existen pruebas que lo certifiquen, un mito popular ofrece otra versión: el apodo habría sido creado por los propios hinchas del club, para destacar que un ciclón es más grande que un huracán, en contraposición a su clásico rival.

El club de Boedo tuvo muchos otros motes a los largo de su historia: Los Santos (el sacerdote Lorenzo Massa fue uno de los fundadores principales de la institución), Los Matadores (así se llamó al equipo campeón del Metropolitano 1968) y Los Carasucias (en referencia a la delantera de 1964, caracterizada por su juventud y atrevimiento). Sin embargo, El Cuervo fue el apodo que se impuso desde un principio. Su origen está relacionado con el parecido que existe entre el color negro de ese pájaro y la sotana sacerdotal que usaba Lorenzo Massa.

El cura Lorenzo Massa (derecha) junto a los jóvenes jugadores de San Lorenzo.

El cura Lorenzo Massa (derecha) junto a los jóvenes jugadores de San Lorenzo.

El Gasolero (Temperley)

Tras lograr el ascenso en 1974, Temperley ​contrató a varios refuerzos para afrontar la temporada en la Primera División. A pesar del esfuerzo económico, terminó en la última posición de la tabla. Sin embargo, la AFA anuló los descensos y el club logró mantener la categoría.

Por eso, el conjunto de zona Sur se vio obligado a cambiar la estrategia. Recortó los gastos de los viajes, redujo los sueldos de los profesionales y compró jugadores del ascenso por sumas mínimas. Para sorpresa de todos, terminó puntero en el Grupo D del Torneo Nacional 1975, producto de nueve victorias, cuatro empates y tres derrotas.

“Es como el Gasolero, porque anda mucho y gasta poco”, escribió el diario La Unión, en una elocuente referencia al bajo costo del combustible que utilizan los vehículos a gasoil.

El Tatengue (Unión)

Si se busca un sinónimo de tatengue en la actualidad, el más apropiado sería “cheto”. Justamente, Unión ​fue fundado el 15 de abril de 1907 en la capital de Santa Fe, que estaba habitada por las personas más adineradas y con mejor educación. Es decir, la clase alta.

El Fortín (Vélez)

Entre 1924 y 1940, Vélez ​tuvo su estadio en Basualdo 463, Villa Luro. La dificultad para acceder al recinto, sumada a una gran eficacia en condición de local, inspiró al periodista Hugo Marini, del diario Crítica, a bautizar la cancha como El Fortín.

Sin embargo, muchos otros afirman que, el 7 de diciembre de 1928, cuando se jugó el primer partido nocturno en el fútbol argentino, las cuatro torres iluminadas de la cancha se asemejaban a un fortín y fue así como Marini trazó la analogía.

Cualquiera fuera la razón, cuando el club realizó su mudanza a Liniers, gracias al esfuerzo de su presidente José Amalfitani, se llevó consigo el apodo del estadio, que luego se extendió a la institución e incluso a los hinchas (Los Fortineros).

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