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El declive de las abejas continúa y podría llevar al mundo a la cuerda floja: "No hay alternativas a la polinización"

Factores como el cambio climático, las prácticas agrícolas intensivas y el uso de plaguicidas ponen en riesgo a los polinizadores El biólogo Enrique Simó ha propuesto que la apicultura sea Patrimonio Inmaterial de la Unesco para salvarlos

Curiosidades Laura Gómez Sánchez 22 de mayo de 2022
abejas-datos-sorprendentes
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Los expertos llevan alertando desde hace más de una década del peligro que corren los polinizadores, un grupo indispensable para conservar la biodiversidad y en el que las abejas predominan. Sin los vuelos diarios de estos insectos, que pueden llegar a polinizar cada uno alrededor de 1.000 flores al día, la Tierra cambiaría por completo. Desaparecían la mayoría de frutas y verduras, dejarían de existir multitud de flores y plantas y se vería afectada incluso la economía. "El mundo se derrumbaría, no hay alternativas a la polinización", apunta el veterinario, biólogo y apicultor Enrique Simó a RTVE.es.

Pese a su vital importancia, la situación de estos animales todavía continúa siendo preocupante. Casi el 35 % de los polinizadores invertebrados están en peligro de desaparecer, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Un declive que el responsable de Agricultura de Greenpeace, Luís Ferreirim, concreta en un 37 % en el caso de las abejas en Europa.

Aunque la escasez de registros dificulta obtener datos actualizados, una de las principales reivindicaciones de los expertos y las ONG, se sabe que la magnitud del peligro es tal que algunos polinizadores se encuentran ya en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Por ejemplo, el Bombus occidentalis, el abejorro de Franklin y el Bombus caliginousus se hallan en situación vulnerable o grave.

¿Cómo sería un mundo sin abejas?


La polinización es fundamental para la supervivencia de los ecosistemas. Según Naciones Unidas, casi el 90 % de las plantas con flores dependen de ella para reproducirse. Lo mismo sucede con el 75 % de los cultivos alimentarios del mundo y con el 35 % de las tierras agrícolas mundiales. Sin las abejas, cultivos como frutas, frutos secos y hortalizas serían sustituidos por otros más básicos como el arroz, el maíz y la patata. Sufriría, en particular, la producción de manzanas, fresas, tomates y almendras.

MUSEOS (1)Hongos y bacterias, enemigos naturales de los bienes culturales de la humanidad

"Nos hincharíamos a comer trigo porque se reproduce por el aire", bromea la responsable de la Fundación Amigos de las Abejas, Eva Miquel. Pero esta dependencia no afectaría únicamente a la alimentación de los seres humanos, sino también a la de otros seres vivos. Las frutas y semillas son la dieta exclusiva de muchas especies y estas, a su vez, son el alimento de otras. Se desequilibraría, en consecuencia, la cadena trófica.

Al depender la producción y la calidad de los cultivos de la polinización, la desaparición de las abejas podría tener también una gran repercusión en el precio de los alimentos diarios, que pasarían a ser un lujo, y en la economía, que a nivel mundial perdería unos 265.000 millones de euros al año. En España, por ejemplo, las abejas generan más de 2.400 millones de euros, una cifra que, al reducirse los cultivos, también peligraría, según el informe Alimentos bajo amenaza.

Además, los paisajes cambiarían drásticamente: el mundo sería más monótono y gris. Las colmenas tienen tanto poder medioambiental que se utilizan para regenerar bosques arrasados por el fuego. Un ecosistema dañado por un incendio puede recuperarse hasta el doble de rápido con la ayuda de estos insectos, observa Eva Miquel. Por ello, el cambio climático se agravaría igualmente. Las corrientes de agua arrasarían con la microbiota de un suelo posiblemente desnudo y la calidad del aire se reduciría.

Algunos factores que ponen en peligro a los polinizadores
Son múltiples los factores que afectan a la salud de los polinizadores, pero los más relevantes están relacionados con el cambio climático, prácticas agrícolas intensivas, cambios en el uso de la tierra, plaguicidas, enfermedades y parásitos y especies exóticas invasoras, según la ONU. La actividad humana influye también a través de la urbanización de terrenos y de la contaminación electromagnética.

El veterinario y apicultor Enrique Simó vive de cerca las causas del declive desde hace 25 años. Por ejemplo, las abejas necesitan una temperatura y unas condiciones climatológicas específicas para poder volar y recolectar el néctar, algo que no solo ayuda a la reproducción de las plantas, sino que a ellos mismos les sirve de alimento. Pero el cambio climático, aparte de destruir su hábitat progresivamente, ha hecho que en marzo y abril de este año apenas hayan podido salir.

“Este 2022 se han vivido los meses más fríos y lluviosos de los últimos 50 años en España”, observa Simó, quien explica que esta situación traumática puede llevar a las abejas a enfermar y morir.

También pueden provocar su muerte los insecticidas neonicotinoides, el tipo de pesticida agrícola más usado a nivel mundial. Concretamente, los plaguicidas imidacloprid, clotianidina y tiametoxam son los más peligrosos: "Son una como una bomba atómica para las abejas".  Los neonicotinoides, además, pueden afectar a la reproducción de los insectos. En 2016, un estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B reveló que estos insecticidas actúan en ocasiones como anticonceptivos para las abejas.

Cambios lentos en una década crucial para la biodiversidad
Aunque se conocen las principales causas por las que las abejas están desapareciendo, los cambios necesarios para salvarlas se están realizando demasiado lentamente. Comparten esta opinión tanto Ferreirim como Simó, quienes recuerdan que los tres plaguicidas más dañinos para estos insectos se prohibieron en 2018, hace solo cuatro años. "Después de 15 años denunciándolo conseguimos por fin que la Unión Europea (UE) los prohibiese", añade el apicultor.

Asimismo, en 2020 fue la primera vez que la UE planteó la reducción del uso de plaguicidas de un 50 % para 2030, así como un incremento de hasta un 25 % de superficie para la agricultura ecológica. "Vamos en el buen camino, pero muy despacio y cada vez tenemos menos tiempo para actuar", apunta el experto de Greenpeace. Al igual que con el cambio climático, el responsable de la ONG considera que esta década es crucial para actuar y frenar la pérdida de la biodiversidad.

El déficit de polinización es la consecuencia más grave del denominado “síndrome de despoblamiento apícola”, que provoca en todo el mundo la muerte de millones de colmenas al año. Cada colmenar cuidado por un profesional, apunta la apicultora Miquel, poliniza entre dos y cuatro kilómetros a la redonda "produciendo semillas para nuestros suelos", lo que ayuda a la continua regeneración de la vegetación.

Si finalmente la apicultura lograse formar parte del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, Ferreirim augura un gran beneficio para el medio ambiente. La decisión no serviría únicamente para llamar la atención sobre las abejas melíferas, las que se utilizan en la apicultura, sino que daría visibilidad a los polinizadores. "Sería como pisar el acelerador en cuanto a las medidas para protegerlos", sugiere.

Qué hacer para ayudar a los polinizadores
Los expertos consultados por RTVE.es destacan que el principal papel en la protección de nuestros polinizadores debe ser desempeñado por los responsables de las políticas para protegerlos y por los agricultores. Sin embargo, también señalan que existen pequeñas acciones cotidianas que pueden ayudar a detener la desaparición de las abejas.

En primer lugar, la dieta puede ser una herramienta de cambio muy importante. Consumir productos ecológicos en lugar de alimentos que provienen de un modelo de agricultura intensivo que pone en riesgo a la naturaleza es una buena forma de concienciar a las empresas. Comprar menos, de temporada y local, además, ayuda en este propósito.

Si se tienen plantas, se recomienda no utilizar pesticidas químicos, sino optar por métodos naturales como los fungicidas caseros de ajo. Asimismo, cultivar aquellas que produzcan flores en distintas temporadas de manera escalonada ayuda a que los polinizadores tengan una fuente de alimento segura. La caléndula, el tomillo, el girasol, el orégano, las margaritas y el madroño son algunas de las favoritas de las abejas.

Existe también la opción de crear o adquirir pequeños refugios para abejas, también conocidos como hoteles de insectos. Estas estructuras cuentan con diferentes recovecos de distintos tamaños que sirven para que las abejas silvestres y otros polinizadores puedan anidar y reproducirse. Puedes producir una con bases de madera rellena con cañas de diferentes diámetros.

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