Cronos Mar del Plata

Galileo en el imaginario popular

La imagen de Galileo con su telescopio pervive hasta nuestro tiempo y muchos cómics y novelas gráficas contemporáneas que tienen a Galileo como protagonista, eligen dicha estampa para sus portadas. Repasamos cómo se ha retratado la figura del astrónomo en la literatura, el cine, el teatro y la pintura desde el siglo XVII hasta hoy.

Curiosidades GDS Interesante 09 de julio de 2022
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Galileo escudriñando el firmamento con su telescopio transforma para siempre la visión que el hombre posee de lo celeste, que deja de ser un terreno exclusivo de la fantasía y la imaginación, abriendo camino a la ciencia que hoy conocemos como astronomía. Galileo y su telescopio se convierten en un todo inseparable en el imaginario del siglo XVII. Esta imagen pervive hasta nuestro tiempo y muchos cómics y novelas gráficas contemporáneas que tienen a Galileo como protagonista, eligen dicha estampa para sus portadas. Así por ejemplo, en el número 3 de la colección Grandes Genios, titulado «Gooffy Galileo», muestra al simpático personaje de Disney mirando la luna por el telescopio, cuando una araña se descuelga desde la parte alta de la ventana y se interpone entre el satélite terrestre y la lente, dándole un susto de muerte. En su serie Deshechos históricos, Don Julio también se ocupa del artilugio del genio pisano, haciendo hincapié eso sí, en que el telescopio no es un invento del italiano, sino una versión mejorada del prototipo creado por un científico y fabricante de lentes alemán llamado Hans Lippershey.
 
 

El éxito le llega a Galileo Galilei con la publicación de su libro Sidereus nuncius (1610), que se basa en las observaciones astronómicas que realiza sobre la Luna y Júpiter. La gran novedad que aporta el libro es que el astrónomo acompaña el texto de una serie de dibujos donde se plasma aquello que ha visto gracias al telescopio. Por primera vez el público contempla, aunque sea a través de la evocación de un dibujo, el verdadero aspecto de los cuerpos celestes. Gracias a este tratado, Galileo trasciende con rapidez el ámbito de la astronomía para convertirse en un auténtico mito literario de alcance universal.

El primero en dar forma a dicho personaje es el alemán Johannes Kepler. El que fuera matemático imperial de Rodolfo II, no solo ofrece un apoyo sin fisuras a los hallazgos de Galileo como astrónomo, sino que parece ser el creador primigenio de la feliz comparación entre Galileo y Colón. 
 

«Adonis»
Siguiendo su estela, Girolamo Magagnati, poeta al servicio de los Medici, da forma literaria a este concepto en su libro Meditazione poetica sopra i pianeti medicei. En dicho texto, afirma la superioridad del primero sobre el segundo; ya que si el genovés había surcado los mares con sus carabelas hasta descubrir un nuevo mundo, el pisano habría recorrido los cielos con su telescopio, descubriendo maravillas aún mayores.

Gracias al Sidereus nuncius, el pasaje bíblico « et vidi caelum novum et terram novam »(«y vi un cielo nuevo y una tierra nueva»), incluido en el libro de la revelación del apóstol san Juan, adquiere un nuevo significado; y son muchos los literatos posteriores que, de un modo u otro, rinden tributo a las observaciones celestes del italiano.

Así, Giambattista Marino escribe en 1623 el poema épico de 20 cantos Adonis, donde realiza un claro homenaje a la idea de la exploración celeste entendida de forma moderna que subyace en el trabajo de Galileo. En los cantos 10 y 11, el mortal Adonis realiza un auténtico viaje interplanetario y recorre el sistema solar, volando más allá de la Luna, visitando Mercurio y Venus. Y no se trata de un viaje simbólico o espiritual, sino de una suerte de exploración espacial que evoca de forma poética el camino abierto por el Sidereus nuncius .

Pedro Cifuentes hace suya esta misma idea y transforma a Galileo en un auténtico astronauta en su web cómic Galileo en la Luna.

La huella del Sidereus nuncius se puede rastrear hasta hoy día. Así, por ejemplo, Jordi Bayarri, al acometer su biografía en cómic sobre el personaje, la titula Galileo, el mensajero de las estrellas (2018); traducción al castellano del título original en latín.

Otro autor que evoca a Galileo en sus escritos es John Milton. La tradición cuenta que el inglés le visita durante su cautiverio. La pintura posterior ha representado este encuentro en diversas ocasiones, contraponiendo la figura de un anciano y derrotado Galileo, privado de la libertad por sus ideas, frente a un joven y dinámico Milton, dispuesto a luchar por el derecho a expresarlas.

Asteroid Bennu’s Surprising Surface Revealed by NASA SpacecraftLa superficie del asteroide Bennu es como una piscina de bolas

«La vida de Galileo»
De todos estos lienzos, el más logrado es una versión de Annibale Gatti. En el fondo de dicha imagen se muestra a un joven personaje escudriñando los cielos; y aunque la estampa puede ser interpretada de muchas formas, a mí se me antoja como un recurso de la pintura narrativa clásica, en la que el joven que observa por el telescopio sería el propio Galileo cuando años atrás inicia los estudios astronómicos que, a la postre, van a terminar por enfrentarle con el Santo Oficio.

Milton se hace eco de dicho encuentro en su Areopagítica: un discurso del Sr. John Milton al Parlamento de Inglaterra sobre la libertad de impresión sin censura (1644); y al apostar por la libre expresión, más allá de los intereses de los poderosos, abre camino (y creo que inspira), uno de mis textos favoritos sobre el pisano; la obra teatral La vida de Galileo (1939), de Bertolt Brecht. El dramaturgo alemán convierte a Galileo en un símbolo perfecto para la sociedad occidental contemporánea creando inteligentes analogías entre el mundo del siglo XVII y el siglo XX. Berthold Brecht era miembro del partido comunista desde 1929 y sus libros son calcinados en la quema del 10 de mayo de 1933 llevada a cabo por los nazis. Quizá por ello, al comienzo de la obra Brecht presenta a Galileo como un personaje acorde a su imagen mítica. Un personaje que, en suma, está destinado a convertirse en protagonista de la Revolución Científica del siglo XVII que anuncia y antecede a la del Siglo de las Luces.

Pero el verdadero acierto del dramaturgo consiste en mostrar el modo en que el Santo Oficio se opone a la modernidad anunciada por Copérnico y demostrada por Galileo. Para Brecht, en la vida de Galileo hay un conflicto continuo entre la ciencia y el poder; entre el científico que cambia el mundo y el poder establecido que teme que la posición de privilegio sea menoscabada en este mundo naciente. Se crea así un evidente paralelismo entre el proceso inquisitorial a Galileo y las presiones del régimen nazi en torno a la obra de Brecht, que no va a dejar otra opción al dramaturgo que la de partir al exilio. Esto resulta especialmente evidente en algunos fragmentos del texto como el encuentro entre Galileo y Andrea, en el que primero facilita una copia al segundo de sus textos prohibidos con la esperanza de que los saque del país hacia tierras más libres donde puedan ser publicados.

En 1945 , Brecht, con la inestimable colaboración del actor inglés Charles Laughton, escribe una segunda versión de La vida de Galileo. En esta reescritura se enfatiza la responsabilidad moral del científico con la sociedad en la que desarrolla su trabajo, al introducir en el texto acontecimientos de actualidad, como la explosión de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Así, si el texto original reflexionaba esencialmente sobre el trato de la ciencia con el poder; en esta nueva versión se subraya la cuestión del valor para hacer frente a aquellos que se oponen a las verdades de la ciencia; pero, sobre todo, se reflexiona sobre el uso y el abuso del conocimiento científico por parte del poder establecido. Esta segunda versión teatral se estrena en Broadway en 1947 de la mano de Joseph Losey, con Laughton como actor protagonista. Al día siguiente, Brecht es llamado a declarar ante el comité de actividades antiamericanas; y una vez más, se ve obligado a partir regresando a la vieja Europa. Losey, igualmente de izquierdas, seguirá el mismo camino en 1952.

Versión definitiva en Berlín

La versión definitiva de La vida de Galileo se escribe en Berlín en 1953, el mismo año se produce la represión rusa en la Alemania del Este para sofocar las protestas obreras. Brecht es presionado para escribir un documento apoyando la actitud represora oficial. Sin duda, Brecht debió sentirse como su Galileo. Quizá por ello, en esta última versión se enfatizan las contradicciones del personaje, alabando sus fortalezas, pero también mostrando una gran tolerancia ante sus flaquezas. Brecht lo expresa con inteligencia en uno de sus brillantes diálogos:

Andrea: «¡Desgraciada es la tierra que no tiene héroes!».

Galileo Galilei: «No. Desgraciada es la tierra que necesita héroes».

En 1974, Joseph Losey acepta participar en un proyecto de The American Film Theatre que apuesta por presentar en salas de cine versiones rodadas de obras de teatro conocidas. Desde su exilio en Londres, decide recuperar el Galileo de Brecht que él mismo dirigió en 1947, convencido del valor artístico de dicha obra. A pesar de tratarse de una propuesta de vanguardia, en esta versión de Galileo en cine, Losey y el productor Ely Landau consiguen involucrar en el proyecto a actores muy conocidos. El reparto lo encabeza Chaim Topol, muy popular en EE. UU. tras el éxito de la película Un violinista en el tejado (1971). Lo secundan Georgia Brown, Edward Fox, Sir John Gielgud o Margaret Leighton; es decir, lo más granado de la escena inglesa de la época. La película sigue de cerca la versión de 1947 de la obra de teatro de Brecht; pero dado que el dramaturgo alemán ya había fallecido, el guion se debe al propio Losey y Barbara Bray.

Existe una versión anterior de La vida de Galileo rodada por Liliana Cavani en 1968. Esta producción, aunque se centra igualmente en el tema de juicio inquisitorial y la abjuración de Galileo, difiere en muchos aspectos de la obra de Brecht. La mayor originalidad de la película está en la incorporación de otro astrónomo italiano, Giordano Bruno (1548-1600), como contrapunto. Ambos eran firmes defensores del sistema heliocentrista de Copérnico; o si se prefiere, los dos eran defensores de la verdad científica frente al dogma eclesiástico. Pero el camino que toman es opuesto. Bruno proclama sus teorías cosmológicas, que van más allá del modelo copernicano, y no reniega de ellas, aunque terminan costándole la vida al ser quemado vivo en 1600 por orden del Santo Oficio.

«Galileo Galilei», de Paolo D’Antonio
Galileo se presenta como el científico mucho más cauto, que no desea ir en contra del dogma de fe sin pruebas científicas que lo avalen. Pero armado con la verdad que aportan sus observaciones, se anima a defenderlas públicamente. La amarga lección que termina aprendiendo Galileo es que el dogmático desprecia la evidencia, y que, al contrario que Bruno, él no está dispuesto a morir por la verdad. Aunque la reunión de estas dos figuras de la astronomía solo es posible en ficción, la comparación que Cavani hace de ambos personajes muestra de forma muy clara el paso de un mundo regido por los principios teológicos a otro regido por los principios científicos; pero sobre todo, enfatiza que dicho cambio es por desgracia lento y traumático.

Para terminar, quisiera nombrar otra novela gráfica dedicada a la vida de Galileo. Se trata de Galileo Galilei (2015), de Paolo D’Antonio. La obra concluye con una escena onírica en la que Copérnico y Ptolomeo se enfrentan en un diálogo de astronomía. Copérnico recita los argumentos a favor del heliocentrismo y siembra la duda en Ptolomeo, que reconoce que las conclusiones de Copérnico son interesantes y le dan que pensar.

Se genera así una lectura acertadísima, ya que Ptolomeo, en cierto modo, se rinde a la evidencia; o si se prefiere, Paolo D'Antonio pone de relieve que el método científico está abierto a cambiar hasta la verdad más arraigada si hay pruebas que sustenten dicho cambio.

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