Cronos Mar del Plata

¿Acabarán por ir a la guerra los drones suizos?

Los mismos drones pequeños y ligeros que buscan personas desaparecidas y transportan medicamentos se utilizan cada vez más en el campo de batalla. Pero a los expertos suizos consultados por SWI, que lideran el desarrollo de la tecnología de los robots autónomos a nivel mundial, no les preocupa que sus hallazgos puedan ser reutilizados para aplicaciones bélicas.

General Sara Ibrahim 12 de julio de 2022
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Los pequeños drones comerciales están desempeñando un papel clave en la guerra entre Rusia y Ucrania. El dron cuadricóptero Mavic 3, de la empresa china DJI, pesa menos de 1 kg y es el modelo más utilizado por las tropas rusas y ucranianas. DJI

Sobrevuelan los territorios en disputa y captan las atrocidades a través de su cámara. Vigilan los movimientos de las tropas que se acercan, guiando los morteros a sus posiciones exactas: los pequeños drones comerciales están desempeñando un papel clave en la guerra entre Rusia y Ucrania. Cualquiera puede comprarlos y pilotarlos sin necesidad de formación especial, a un coste relativamente bajo de 2 000 francos suizos (2 000 dólares).

En su mayoría son cuadricópteros (es decir, drones con cuatro rotores) que pesan menos de un kilo y están equipados con cámaras de alta resolución y un potente zoom. Las fuerzas de defensa ucranianas han comprado milesEnlace externo de ellos desde el comienzo de la guerra y la tecnología les ha dado una ventaja inesperada. Pero el ejército ruso también los ha utilizado.

La mayoría de estos drones son producidos por la empresa china DJI, que ha declarado en repetidas ocasiones que sus productos no están fabricados con fines militares y ha suspendido temporalmente su venta en Ucrania y Rusia. Pero cuando se trata de drones de cuatro rotores de nueva generación, Suiza está a la cabeza del mundo.

El sector suizo de los drones es el primero del mundoEnlace externo en tamaño de mercado per cápita y se espera que siga creciendo en los próximos cinco años, pasando de 521 millones de francos suizos (2021) a 879 millones gracias a las exportaciones, especialmente a Europa y Estados Unidos. Zúrich y Lausana, con sus universidades e Institutos Federales de Tecnología, se han convertido en centros internacionales de investigación en tecnología de drones.

Equilibrio entre el uso civil y militar
Davide Scaramuzza, profesor de robótica de la Universidad de Zúrich, ha dedicado los últimos trece años a desarrollar cuadricópteros capaces de volar de forma autónoma, sin GPS ni control remoto por un humano.

Su grupo es pionero en el mundo en el diseño de estos pequeños drones que, mediante sensores de visión, pueden cartografiar zonas de difícil acceso para las personas y explorar bosques, cuevas o edificios derrumbados en busca de supervivientes.

Precisamente por eso la tecnología atrae cada vez más el interés de los militares. En 2021, el ejército libio utilizó cuadricópteros autónomos equipados con explosivos para buscar y atacar objetivos humanos. El incidente fue denunciado por Naciones UnidasEnlace externo.

A Scaramuzza no le sorprende que los resultados de la investigación de su grupo puedan tener aplicaciones militares. "Toda la robótica puede servir para la defensa, pero también al revés", señala, citando el hecho de que muchos descubrimientos que han mejorado nuestra vida cotidiana, como Internet y el GPS, son fruto de la investigación militar.

Incluso la invención del horno microondas se remonta a un componente utilizado en los radares militares durante la Segunda Guerra Mundial.

Para desarrollar sus drones de última generación, el profesor de robótica recibió financiación de DARPA, la agencia de investigación del Departamento de Defensa estadounidense. Scaramuzza considera estas ayudas como "aceleradores de la innovación", ya que sin ellas el progreso tecnológico seguiría produciéndose, pero a un ritmo más lento.

Y aclara que sus proyectos financiados por DARPA entre 2015 y 2018 no estaban clasificados y, por tanto, no implicaban el suministro de software militar. "Los resultados son transparentes y de dominio público. Es el mundo el que gana", afirma.

No obstante, Scientists for Global Responsibility (SGR), una organización con sede en el Reino Unido que promueve la ética en la ciencia y la tecnología, cree que los intercambios tecnológicos actuales entre las esferas militar y civil son, de hecho, mayoritariamente unidireccionales: son los militares los que más se benefician, y no al revés.

"Se necesita mucho trabajo y dinero para convertir la tecnología militar en uso civil", añade Stuart Parkinson, científico medioambiental y director ejecutivo de SGR.

DARPA subvenciona proyectos de investigación básica y aplicadaEnlace externo, sin uso militar inmediato, con el objetivo de obtener conocimientos sobre ideas punteras, financieramente arriesgadas, pero potencialmente revolucionarias. En 2021Enlace externo, la investigación básica representó el 15% de la financiación de la agencia estadounidense y la investigación aplicada el 39%.

Sin embargo, esto da a DARPA una ventaja a largo plazo a la hora de convertir los resultados de la investigación en productos concretos. Por ejemplo, la agencia ya está utilizando la tecnología de los coches sin conductor, desarrollada originalmente a través de concursos de investigación

“En principio, cualquier tecnología puede ser mal utilizada", afirma Marco Hutter, profesor de robótica de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EPFZ). Su grupo ha desarrollado un robot de cuatro patas, llamado ANYmal, diseñado para realizar inspecciones robóticas autónomas y búsquedas y rescates en zonas de desastre.

DARPA desplegó varios de estos robots como parte de un concurso de robótica plurianual lanzado por la agencia, que Hutter y su equipo ganaron en 2021, obteniendo parte del premio de 2 millones de dólares.

Los perros-robot son comercializados por ANYbotics AG, una empresa derivada de la EPFZ que Hutter ayudó a fundar. Aunque ANYbotics prohíbe por contrato el uso militar armado de sus máquinas, la empresa estadounidense Ghost Robotics lanzó el año pasado un robot similar armado con un rifle de francotirador.

  La empresa estadounidense Ghost Robotics presentó el año pasado un modelo de perro-robot armado con un fusil de precisión. Ghost Robotics
Prevenir, no curar
El doble uso -y el potencial mal uso- de las nuevas tecnologías es difícil de prevenir. Uno de los problemas es que no hay normas claras que restrinjan su desarrollo y exportación. Mientras que hay varias organizaciones internacionales que inspeccionan y prohíben las armas atómicas y químicas, no es el caso de las innovaciones en el espacio digital, ya que son menos tangibles.

Además, la competencia militar entre países para explotar las nuevas tecnologías es muy fuerte. Según la SGR, esto dificulta la aplicación y el carácter vinculante de los tratados internacionales que limitan la proliferación de ciertas armas y establecen directrices para los investigadores en campos emergentes como la robótica y la inteligencia artificial (IA).

Suiza, por ejemplo, se muestra reticenteEnlace externo a apoyar la campaña a favor de un tratado que prohíba los robots asesinos, argumentando que esto podría llevar a la prohibición de sistemas potencialmente útiles para evitar daños colaterales y salvar vidas.

Como la legislación va por detrás del progreso tecnológico, la comunidad científica ha empezado a "autorregularse", afirma Ning WangEnlace externo, politólogo y especialista en ética de las tecnologías emergentes de la Universidad de Zúrich. Wang cita como ejemplo la conferencia de Asilomar de 1975, que planteó debates éticos y normativos sobre la tecnología del ADN recombinante.

La reunión, creada por un grupo de científicas, estableció directrices a largo plazo para los experimentos que pudieran poner en peligro la salud pública, pero no creó normas vinculantes.

También hay un problema fundamental en el funcionamiento del mundo académico: los investigadores están obligados a publicar sus trabajos en revistas científicas y hacerlos fácilmente accesibles; pero una vez que sus datos y hallazgos se publican, a menudo ya no tienen control sobre cómo se utilizan para crear productos reales.

Según Disc, un consorcio de empresas privadas que promueve la innovación en el sector de la defensa, Suiza debería centrarse en traducir los resultados de la investigación en productos concretos en lugar de difundir sus conocimientos.

Hanspeter Faeh, que dirige Disc, sostiene que eso permitiría al país mantener la aplicación de tecnologías bajo control y evitar que los conocimientos se utilicen de forma indebida o se "exporten" a Estados que no respetan los derechos humanos.

Los riesgos del trabajo
Pero regular las innovaciones modernas y convertirlas en productos es complicado, ya que se componen de innumerables tecnologías. Los drones, por ejemplo, no están hechos sólo de rotores, hélices y cámaras, sino que utilizan sofisticados algoritmos para reconocer carreteras o personas y tienen cierta autonomía.

Juergen Schmidhuber, considerado por muchos como el "padre de la inteligencia artificial moderna", es consciente de que los métodos de aprendizaje automático desarrollados por su grupo en Lugano y Múnich han sido utilizados no sólo por Google y Facebook, sino también en el ejército para activar drones y permitirles alcanzar objetivos precisos y seleccionados. Pero eso no le quita el sueño.

  Juergen Schmidhuber es considerado el "padre de la inteligencia artificial moderna". Dirige el Instituto de Inteligencia Artificial (Idsia) de Lugano. © Keystone / Alexandra Wey


"El 95% de las aplicaciones sirven para mejorar la vida de las personas", afirma. Sus descubrimientos han hecho avanzar el campo de la medicina, haciendo posible la detección de tumores, mediante imágenes, y la traducción automática.

"Sin embargo, el cinco por ciento restante de las aplicaciones militares tiene como objetivo exactamente lo contrario, es decir, tener éxito en el campo de batalla.

El sector de la defensa dispone de importantes fondos y es natural que los invierta en el uso de redes neuronales artificiales, afirma Schmidhuber, que dirige el Instituto de Inteligencia Artificial (Idsia) de Lugano.

Según Schmidhuber, el abuso de la tecnología forma parte del progreso científico: no hay forma de detenerlo. Es como cuando los humanos domesticaron el fuego, lo que permitió a nuestra civilización evolucionar cocinando alimentos, por ejemplo, pero también utilizarlo como arma. "¿Debemos entonces renunciar al fuego?", pregunta retóricamente.

"La mayoría de las cosas que inventan los científicos tienen aplicaciones que no pueden imaginar", señala Schmidhuber. "Ni siquiera Einstein pudo prever todas las aplicaciones de sus descubrimientos".

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