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Las crisis amenazan la imagen de la monarquía británica 25 años después de la muerte de Diana

La percepción de que la familia real reaccionó mal a la muerte de Diana desencadenó un cambio gradual y en gran medida exitoso en la gestión de su imagen, pero las recientes crisis han renovado los interrogantes sobre ese esfuerzo de modernización.

Mundo AFP 22 de agosto de 2022
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La muerte de la princesa de Gales, el 31 de agosto de 1997, provocó una oleada de dolor nacional que los miembros de la realeza, incluida la reina Isabel II y su hijo, el príncipe Carlos, parecieron inicialmente no secundar. Finalmente, se reconoció que se habían cometido errores y que la familia necesitaba pasar la página de una década de divorcios, luchas familiares y escándalos que habían mermado su reputación pública. Un cuarto de siglo después, la monarquía tiene ahora una operación de relaciones públicas mucho más ágil, adepta a las redes sociales y a la respuesta rápida, al tiempo que es capaz de organizar con aplomo grandes eventos como las celebraciones del Jubileo de Platino de junio.

Sin embargo, las recientes controversias -en particular los vínculos del príncipe Andrés con el multimillonario pedófilo Jeffrey Epstein, y el abandono de las funciones reales de primera línea por parte del príncipe Harry y su esposa Meghan Markle- han puesto en duda la remodelación de la monarquía. "La muerte de Diana es este momento de torbellino, que requiere que la monarquía reoriente su imagen pública, para abrazar un tipo de imagen de celebridad más moderna y expresiva como forma de atraer al público", dijo a la AFP el historiador real Ed Owens. Señalando que "esa historia sigue viva a través de sus hijos", ve un peligro especial en el aparente distanciamiento de Harry, la reciente gestión de la reina del escándalo de Andrés y el inminente reinado del heredero Carlos. "Creo que se avecinan tiempos difíciles", predijo Owens.

Rehabilitado
Inmediatamente después de la muerte de Diana, la reina y Carlos, cuyo divorcio de Diana había finalizado el año anterior, permanecieron durante días en el castillo de Balmoral, su remota residencia escocesa, sin hacer declaraciones públicas. A raíz de otros errores, los medios de comunicación afirmaron que la familia estaba fuera de juego en un momento de importancia nacional. Los comentaristas de la realeza no se ponen de acuerdo sobre la justicia de estas críticas, señalando que las prioridades de la familia eran el apoyo a Guillermo y Harry por la repentina pérdida de su madre, así como la organización de un elaborado servicio fúnebre. No obstante, la operación de prensa del Palacio de Buckingham fue renovada gradualmente, con la incorporación de más personas expertas en relaciones públicas.

Robert Hardman, autor del libro "Queen of Our Times: The Life of Elizabeth II", argumentó que se trataba de una "evolución" medida a medida que el ciclo de noticias de 24 horas aumentaba y luego llegaban las redes sociales. "La monarquía no es como una marca de cereales, no se relanza", advirtió. "Cambia lentamente, imperceptiblemente, pero con firmeza por una razón (y) definitivamente había una sensación en esos años de que las cosas tenían que cambiar". Pero no se rompe todo de repente". El cambio ofrecía una imagen más "humana" de la reina, de la que se decía que estaba más preocupada por sus perros y caballos que por sus súbditos.

Carlos, del que se decía que era altivo y rígido, se sometió a un costoso cambio de imagen, según fuentes de la realeza. William y Harry fueron la clave, emergiendo como "príncipes del sentimiento" al estilo de Diana, apoyados por su padre, dijo Owens. "Su imagen está muy cuidadosamente rehabilitada en torno a esta idea de que es un padre cariñoso con dos hijos, ambos tocados por esta tragedia de la muerte de su madre", añadió.

"Gran error
Hardman dijo que hoy, en lugar de una estrategia palaciega anterior de "agachar la cabeza y ver cómo evoluciona esto", suele responder con rapidez -y asertividad- a las controversias que se desarrollan. Señaló su línea hábilmente desplegada el año pasado de que "los recuerdos pueden variar" después de las afirmaciones sensacionalistas de Meghan y Harry de que ella se enfrentó al racismo dentro de la familia. Sin embargo, para otros observadores de la realeza, la partida de la pareja a Estados Unidos en 2020 -apodada "Megxit"- requiere algo más que unas relaciones públicas para limitar los daños, ya que Harry dejará "un enorme hueco" en la institución, dijo Owens. "Meghan también encarnaba algunas de las virtudes que Diana había tratado de proyectar también, en términos de emoción y de estar en contacto... con la vida de la gente en el mundo en desarrollo", señaló.

Mientras tanto, la respuesta de la reina al escándalo en el que se ha visto envuelto Andrew -que se rumorea que es su hijo favorito- tiene ecos de los errores de la época de Diana, y Owens lo calificó como el "gran error" de la anciana de 96 años de las últimas décadas. En febrero, Andrew llegó a un acuerdo con una víctima de Epstein en una demanda por abusos sexuales en Estados Unidos. Un mes más tarde, la reina recibió numerosas críticas por permitirle acompañarla a un servicio público de acción de gracias por su difunto marido, el Príncipe Felipe. "La debacle de Andrew sugeriría que la reina posiblemente no ha aprendido de los últimos años de la década de 1990 tan bien como podría haberlo hecho", dijo Owens. "Debería haber sido más sensible a la opinión pública para mantener a Andrew fuera".

El historiador de la realeza ve muchos "escollos" similares en el inminente reinado de Carlos, que se ha enfrentado a varios escándalos sobre la recaudación de fondos para sus organizaciones benéficas, además de las preocupaciones de larga data sobre las intervenciones políticas. En contraste con la reina, Carlos carece de "sutileza", dijo Owens. "Así que tienes problemas aquí".

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