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Para escritor Kuri la obra de Piazzolla “es una de las pocas músicas subversivas” argentinas

El psicoanalista, docente y experto en Astor Piazzolla, Carlos Kuri, prepara un segundo libro sobre el músico, “Archivo Piazzolla”, donde reúne tesoros de las colecciones personales de varios fanáticos y un estudio sobre la recepción que tuvieron sus creaciones donde no excluye los cuestionamientos políticos.

“¡Es tan inmenso el desnivel de importancia entre la aleatoriedad y desinterés de sus declaraciones políticas y su verdad musical! Todo el ser de Piazzolla estaba atravesado por la música, y todo el mundo musical lo ha percibido de ese modo, por lo que sus posicionamientos políticos están muy lejos de conspirar en la difusión de su obra”, asegura Kuri en entrevista con Télam.

Y en esa sintonía, el autor de “Piazzolla. La música al límite” asevera que la obra del compositor y bandoneonista que el jueves próximo cumpliría 100 años “es una de las pocas músicas subversivas que ha producido la Argentina”.

Télam: ¿Cómo es la historia del tema dedicado a “Los Lagartos”, el Comando de Infantería de Marina al que perteneció Alfredo Astiz?

Carlos Kuri: Piazzolla le pone ese título en su estreno en los conciertos con Goyeneche en el teatro Regina en mayo del 82, con un entusiasmo confuso por la recuperación de las islas Malvinas, casi como el de muchos argentinos vivando a Galtieri en la Plaza de Mayo, y desconociendo que se trataba de un grupo comando de Astiz. Cuando fue advertido de inmediato por un amigo del radicalismo vinculado a Hipólito Solari Yrigoyen, el título no dura un día, rápidamente pasa a llamarse “Contraataque”, para luego terminar como “Tanguedia 3” e incluida, para extremar la paradoja, en el filme de Pino Solanas, “El exilio de Gardel”.

T: ¿Cómo nació su interés por Astor Piazzolla?

CK: Simplemente fue un flechazo. Mi generación -soy del ’54- ya estaba alejada del tango, el ambiente musical eran los Beatles, y en mi caso, también Jethro Tull. Pero un día se me cruza en la radio una música que me costaba descifrar qué era, me sonaba a todo -tango, barroco, jazz, hasta folclore-, pero no era nada de eso. Era la “Fuga 9” por el Conjunto 9, del año 72; al día siguiente comencé a recorrer disquerías para comprar todo lo que dijera “Piazzolla”.

T: En su primer libro plantea que Piazzolla fue el agente de la última ruptura en el interior del tango ¿Sigue pensando lo mismo en la actualidad, con el surgimiento de fusiones entre el tango y el rock y nuevas variantes del género?

CK: Piazzolla fue el agente de la última mutación en el interior del tango, porque dejó de existir el tango como un género con un interior tan fuerte, tan protector, tan aduanero, me refiero a lo fuerte que era el criterio de lo que entraba o quedaba afuera del género. Él contamina todo el género con músicas extrañas, del género, de su agonía como algo unívoco hacia obras definidas por el estilo, por el rasgo singular de cada músico y el modo de vinculación al tango. A tal punto que se abre un abanico de influencias, Ligeti, Pugliese, Berio, Kröpfl, el rock, etcétera. Pero todos se inscriben en el horizonte de ruptura que produce Piazzolla, así aparecen Andrea Marsili, Diego Schissi, Ezequiel Diz, Sonia Posetti, Gustavo Beytelmann, Agustín Guerrero, cada uno con obra importante y singular.

T: A pesar de su ruptura con el tango tradicional, Astor tuvo una relación muy cercana con Carlos Gardel cuando era chico…

CK: Sí, fue algo extraño, una especie de presagio, el encuentro de niño cuando Gardel fue a Nueva York a filmar. Por supuesto que el encuentro lo procuró el padre de Astor, “Nonino”, fanático del Zorzal criollo. Pero se convirtió en un encuentro musical, un primer bautismo tanguero, que lo lleva a acompañar durante su estadía al cantor fundacional del tango. El segundo encuentro fue con Troilo, cuando en el ’39 se incorpora en su orquesta. Porque justamente la ruptura de Piazzolla hay que medirla en el contexto de lo mejor del género, cuando Astor percibe que el tango, ese tango de Gardel, Troilo, los De Caro había alcanzado un punto insuperable, es sobre eso que efectivamente quiere producir otra cosa, no es una ruptura con el tango mediocre, ese tango no estaba en la formación de Astor ni era su interlocutor para sus innovaciones. Él fue y se definió como absolutamente tanguero y hay que observar en el Piazzolla más culto siempre la presencia de esa vena tanguera.

T: ¿Cuál es el secreto de la vigencia de Piazzolla a 100 años de su nacimiento?

C.K: En parte el que sea una de las pocas músicas realmente diferentes de las que proliferan planetariamente. No lo mediría por su contemporaneidad en cuanto a las cuestiones técnicas, al menos no solamente, pero el impacto vigente está en la diferencia, que es también una resistencia a la homogeneidad imperial de las músicas que invaden la difusión. Esta diferencia viene con una estructura, con una conquista estética que músicos como Gidon Kremer o Gary Burton han definido casi de la misma manera: “la conexión única que tiene entre la precisión técnica y lo sensible”, o, como dijo un crítico del New York Time tras un concierto del Quinteto: “Sus partituras con fugas, disonancias, ritmos cruzados pueden parecer abstrusas en los papeles, pero el Quinteto es un conjunto de cámara y sus tangos sugieren que en el mundo moderno el romance sobrevive”.

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