Venezuela: Su peso geopolítico y la escalada de la crisis en el Caribe

“Mucho más que una operación para combatir el crimen y las redes del narcotráfico”. Graziano Palamara, profesor de Historia de las Relaciones Internacionales e Historia Latinoamericana de la Universidad de Salerno, describe así la escalada de tensión en el Caribe que comenzó en septiembre pasado, cuando Estados Unidos lanzó ataques contra presuntas embarcaciones del narcotráfico frente a las costas de Venezuela, extendiéndose posteriormente al Pacífico, en aguas colombianas. Más de 80 personas murieron. Desde entonces, Washington ha mantenido una fuerte presencia militar en la zona, reforzada por la reciente llegada al Caribe de la fuerza aeronaval liderada por el portaaviones Gerald Ford, el más grande del mundo, que transporta cuatro escuadrones de aviones de combate y cuenta con el apoyo de tres destructores con misiles guiados.  Centrándose en las rutas internacionales del narcotráfico, Palamara señala que “el grueso de la droga que llega a Estados Unidos sigue otras rutas, porque el fentanilo viene de México y la cocaína, de la que Colombia sigue siendo el principal productor, llega del Pacífico: según datos de la DEA (Drug Enforcement Administration), la agencia federal estadounidense para la lucha contra el narcotráfico, ‘solo’ entre el 5 y el 10% de la cocaína que se coloca en el mercado mundial pasa por Venezuela”, donde, sin embargo -señalan los analistas- hay fuertes elementos de narcoinfiltración institucional. En las últimas semanas, el presidente Donald Trump ha revisado repetidamente la estrategia estadounidense, planteando la posibilidad de ataques en suelo venezolano y sin descartar que Nicolás Maduro tenga los “días contados”, para luego declararse abierto a dialogar con el líder venezolano, aunque descartando la idea de una guerra directa. Por su parte, Maduro, quien ha calificado las operaciones militares estadounidenses como un intento de derrocarlo, ha denunciado recientemente la presencia activa de agentes de la CIA en el territorio del país latinoamericano y ha presentado lo que denomina un plan de “defensa armada” para la zona de la capital, Caracas, y el estado norteño de La Guaira, en caso de un ataque militar estadounidense. El objetivo de Washington, continúa el profesor de la Universidad de Salerno, parece ser “ejercer una mayor presión sobre el régimen venezolano e intentar impulsar el cambio”. Sin embargo, añade que “aún no está del todo claro cómo”. Palamara cree que la crisis puede enmarcarse mejor en “dos niveles complementarios”: el primero, “relativo a la política interna estadounidense” y el segundo, con una “dimensión externa” vinculada al papel de América Latina como “espacio de confrontación entre Estados Unidos, China y Rusia”. En el ámbito nacional, la administración Trump busca “fortalecer la narrativa de resolución, consolidar el consenso entre los votantes latinos —en particular los de Florida y Texas, comunidades históricamente opuestas a los regímenes de izquierda en América Latina, en un contexto en el que, sin embargo, la comunidad latina percibe negativamente las políticas migratorias y las operaciones de deportación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)— y, de forma más general, entre los ciudadanos para quienes la seguridad nacional es una prioridad, especialmente de cara a las elecciones intermedias de 2026”. Al mismo tiempo, “el aspecto geopolítico es fundamental” en el asunto, enfatiza Palamara. Venezuela, a pesar de su profunda crisis económica, tiene mucho que ofrecer, empezando por sus reservas de petróleo, que se encuentran entre las más grandes y de mayor calidad del mundo. «Es una nación muy rica», pero lo importante, continúa el profesor, es el papel que puede desempeñar en tiempos de «retorno a la competencia entre grandes potencias: el despliegue naval estadounidense funciona precisamente como una demostración de fuerza dirigida a potencias como China y, en cierta medida, Rusia, que han mantenido vínculos muy estrechos con Caracas desde la época de Hugo Chávez».  Por ahora, observa Palamara, varios escenarios permanecen abiertos. «Uno, que casi todos los analistas descartan, es una invasión a gran escala, lo cual entraría en conflicto con las promesas de Trump a sus votantes de no abrir nuevos frentes de guerra. Otra opción sería continuar con los ataques selectivos contra buques. Otra opción sería algún tipo de diálogo», sin descartar «algún tipo de compromiso».

Giada Aquilino

CaribeVenezuela